El concepto de densidad fue inventado hace 2200 años por el filósofo
griego Arquímedes para comprobar oro falso, impuro o manipulado. El plomo
es menos denso que el oro y cuando se mezcla, la densidad de la aleación
disminuye. Arquímedes utilizó este dato para delatar a un herrero que quería
engañarle. El plomo es muy denso, barato y fácil de trabajar por su punto de
fusión bajo, pero es menos denso que el oro. Para hacer una aleación que sea
igual de densa que el oro, debería hacerse con un metal igual de denso, pero
como ningún metal tiene la misma densidad que la del oro, los falsificadores
intentan crear aleaciones con una combinación de metales más densos y menos
densos que el oro para conseguir algo similar al oro.
Una falsificación de un Soberano de
oro hecho de plomo con el mismo espesor y diámetro que el verdadero sería un
35% más ligero que el auténtico. Si tuviera el mismo peso y diámetro que el
auténtico sería un 54% más espeso que el auténtico.
La dificultad reside en encontrar un metal más denso que el oro. Casi
todos los metales son menos densos que el oro y los metales que son más densos
son más caros que el oro. Hace 100 años, el platino era más barato que el oro y
se utilizaba para falsificar monedas de oro, pero en los últimos años se ha
hecho más caro que el oro y ya no es una opción. Algunos analistas comentan que
los falsificadores modernos utilizan tungsteno. Cubren un núcleo de tungsteno
con una fina capa de oro. El tungsteno tiene una densidad de 19.25 gramos/cm3 y
el oro de 19.3 gramos/cm3.
El Tungsteno es más barato que el
oro, pero no se utilizaba en el pasado porque su punto de fusión está por encima
de los 1000 grados y hay pocas instalaciones donde se pueda alcanzar esta
temperatura. Para superar este obstáculo, el tungsteno se muele en polvo y se
mezcla con otros metales en una masa de tamaño y formato correctos con una
proporción de metales que sean más o menos similares a la densidad del oro.

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