1. Sumerge las joyas en peróxido de hidrógeno. Primero, llena un
bol o una taza de vidrio con peróxido de hidrógeno. Luego, deja caer la joya
dentro del bol. La pieza debe sumergirse completamente en el líquido. Si no es
así, agrega más peróxido de hidrógeno.
El peróxido de hidrógeno puede
encontrarse en la mayoría de tiendas de abarrotes.
2. Busca una reacción. El platino es un catalizador fuerte para el
peróxido de hidrógeno. Si el metal es platino real, el peróxido de hidrógeno
empezará a burbujear casi de inmediato. La plata es un catalizador más débil.
Si no ves ninguna burbuja de inmediato, deja que el metal repose en el líquido
por aproximadamente un minute y fíjate si se forman burbujas pequeñas alrededor
de la joya.
El peróxido de hidrógeno no
corroe ni daña las joyas.
3. Enjuaga bien la joya. Hazlo con agua fresca para eliminar el
peróxido de hidrógeno. Tapa el lavadero o utiliza un colador mientras la lavas,
para evitar perder la joya en el desagüe. Deja que la pieza se seque por
complete antes de volverla a usar.

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