1. Ubica e identifica las marcas en las joyas. Estas marcas estarán
grabadas en el metal. Si la joya tiene un broche, entonces las marcas
probablemente estén en la parte posterior de este. Además, quizá las joyas
tengan una pequeña etiqueta de metal, con las marcas grabadas, colgando del
extremo. Finalmente, busca las partes más grandes de las joyas.
Si la joya no tiene ninguna
marca, probablemente no sea de un metal precioso.
2. Busca las marcas que indiquen que es una joya de plata. Algunas
monedas y joyas tendrán un sello con los números “999”. Eso indica que están
hechas de plata pura. Si ves un sello con los números “925”, seguido o
precedido de la letra “S”, tienes plata de ley. La plata de ley 925 es 92,5 %
pura que está mezclada con otra aleación metálica, por lo general cobre.
Por ejemplo, un sello que dice
“S925” indica que la joya es de plata de ley.
La joyería de plata pura es rara,
ya que este metal es suave y se daña fácilmente.
3. Encuentra cualquier marca que indique que se trata de una joya de
platino. El platino es un metal muy raro y costoso. Por ello, todas las
joyas de platino tendrán una marca que demuestre su autenticidad. Busca las
palabras “Platino”, “PLAT”, o “PT” seguidas o precedidas por los números “950”
o “999”. Estos números se refieren a la pureza del platino, siendo el más puro
el que marcado con “999”.
Por ejemplo, una pieza de joyería
de platino auténtica quizá tenga un sello que diga “PLAT999”.
4. Pasa un imán sobre las joyas. Los metales preciosos más puros no
son magnéticos. En consecuencia, si colocas un imán cerca de las joyas, no
debes ver ningún movimiento. Si lo ves, el metal no es plata pura o platino
puro.
Algunas aleaciones de plata y platino
son magnéticas. Por ello, una pieza de joyería de plata o platino de menor
calidad podría ser magnética.
Si tienes una pieza de joyería
con un sello que es atraída por un imán, consulta a un joyero reputado para
verificar su autenticidad.

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